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4 de mayo de 2016

Sombras

Hacía diez años que no tenía una fantasía tan vívida y, a pesar de su intensidad, apenas si recordaba esa alegría nerviosa de la anticipación perfecta.

Se despertó con más energía de la que podía contener. Necesitaba cambios en su vida. Y empezó a soñar, a construir una idea. El curso de su pensamiento no presentaba tanta fluidez, pero soñaba a diario haciendo cada vez más sólida esa fantasía, convirtiéndola en una alternativa factible. Un proyecto de esa magnitud requiere de cimientos imperturbables en alguien de su carácter y por eso había alimentado su deseo con argumentos, pero también con frustraciones.

Un día, una oportunidad. Su idea empezó a tomar forma. Las formas reales no son perfectas, pero son reales. Y se ajustó a ellas, acomodó sus expectativas porque entendía que se trataba de una decisión diferente a cualquier otra que hubiera tomado antes. Concentró sus esfuerzos en cada detalle; invirtió cada segundo en su objetivo. Hacía cada vez más consistente cómo se materializaría un cambio de vida que nació de su imaginación.

Entonces, cuando estuvo más cerca, se detuvo. ¿Qué me detiene?

Sonrió. Ah, cómo pude olvidarme de ustedes.

Sus miedos. Los de infancia, los de juventud. Los que recuerdan con susurros todas las veces que ha fracasado; los que saben, con toda certeza, que seguirá fracasando. Siempre. Conocen sus errores, sus inseguridades, sus mentiras.

No nos olvide. No olvide esos secretos que sólo puede compartir con nosotros; esos que, en este momento, atan sus pies y sus manos.

21 de abril de 2014

Muerte

Un día hay vida. Por ejemplo, un hombre de excelente salud, ni siquiera viejo, sin ninguna enfermedad previa. Todo es como era, como será siempre. Pasa un día y otro, ocupándose sólo de sus asuntos y soñando con la vida que le queda por delante. Y entonces, de repente, aparece la muerte. El hombre deja escapar un pequeño suspiro, se desploma en un sillón y muere. Sucede de una forma tan repentina que no hay lugar para la reflexión; la mente no tiene tiempo de encontrar una palabra de consuelo. No nos queda otra cosa, la irreductible certeza de nuestra mortalidad. Podemos aceptar con resignación la muerte que sobreviene después de una larga enfermedad, e incluso la accidental podemos achacarla al destino; pero cuando un hombre muere sin causa aparente, cuando un hombre muere simplemente porque es un hombre, nos acerca tanto a la frontera invisible entre la vida y la muerte que no sabemos de qué lado nos encontramos. La vida se convierte en muerte, y es como si la muerte hubiese sido dueña de la vida durante toda su existencia. Muerte sin previo aviso, o sea, la vida que se detiene. Y puede detenerse en cualquier momento.

—Auster, P. (1982). La invención de la soledad (Trad. M. E. Ciochini). Bogotá: Seix Barral.

21 de marzo de 2014

Equilibrio

Cuando hablé con Adriana, estaba sumida en un estado de tristeza como nunca antes la había visto. Con la voz entrecortada me dijo que había llorado toda la noche anterior. Los pocos minutos que logró conciliar el sueño estuvieron saturados de pesadillas —cercanas a la realidad, insistió— donde lloraba sin poderse contener.

No se parecía en nada a la Adriana de tres días atrás, que lucía radiante, orgullosa, segura. La Adriana inmersa en la cotidianidad de una agenda social apretada pero exquisita. Yo la envidiaba. Yo quería que todos mis álter ego fueran Adrianitas que iban por el mundo extasiadas de felicidad y buena vida.

Verla en esa situación me impactó. Comprendí que la felicidad es una delgada línea, un frágil equilibrio que se hace pedazos con el más suave de los movimientos. Y mientras la escuchaba entendí también la magnitud del esfuerzo para mantener ese equilibrio durante mucho tiempo. Porque llega un día en que toda esa energía no es suficiente y necesita renovarse. Una renovación siempre amarga, siempre intensa.

7 de enero de 2013

Consecuencias

... pero también es cierto, si eso le sirve de consuelo, que si antes de cada acción pudiésemos prever todas sus consecuencias, nos pusiésemos a pensar en ellas seriamente, primero en las consecuencias inmediatas, después, las probables, más tarde las posibles, luego la imaginables, no llegaríamos siquiera a movernos de donde el primer pensamiento nos hubiera hecho detenernos. Los buenos y los malos resultados de nuestros dichos y obras se van distribuyendo, se supone que de forma bastante equilibrada y uniforme, por todos los días del futuro, incluyendo aquellos, infinitos, en los que ya no estaremos aquí para poder comprobarlo, para congratularnos o para pedir perdón, hay quien dice que eso es la inmortalidad de la que tanto se habla.

—Saramago, J. (1995). Ensayo sobre la ceguera. (Trad. B. Losada). Bogotá: Punto de Lectura.

28 de octubre de 2012

Sueños

Ese día comprendí que algunos sueños, por más factibles que sean, es mejor no realizarlos. Simplemente, porque el inmenso placer que producen está en medio de innumerables experiencias dolorosas que, soportadas durante mucho tiempo, no permitirán el goce absoluto de esa felicidad que se veía tan tangible.

7 de octubre de 2012

Modernidad

Y empezó a escribir: «La tragedia moderna es el intento vano de la adaptación del hombre al estado de cosas que él creo».

(...)

«La imaginación es la base del hombre —de nuevo Juana— hasta el punto de que todo lo que él ha construido encuentra su justificación en la belleza de la creación y en su utilidad, no en ser el resultado de un plan de fines adecuados a las necesidades. Por eso vemos multiplicarse los remedios destinados a unir el hombre a las ideas e instituciones existentes —la educación, por ejemplo, tan difícil— y lo vemos continuar siempre fuera del mundo que construyó. (...) Porque todo sigue el camino de la inspiración. El determinismo no es un determinismo de fines, sino un estrecho determinismo de causas. (...) En realidad, el pragmatismo —el plan orientado hacia un determinado fin real— sería la comprensión, la estabilidad, la felicidad, la mayor victoria de adaptación que el hombre podría conseguir. Mientras tanto hacer las cosas "para qué" me parece, ante la realidad, una perfección imposible de exigir del hombre. El inicio de toda su construcción es el "por qué". La curiosidad, el devaneo, la imaginación – he aquí lo que formó el mundo moderno. Siguiendo su inspiración, mezcló ingredientes y creó combinaciones. Su tragedia: tener que alimentarse de ellas. Confía en que puede imaginar una vida y encontrarse en otra, aparte».

—Lispector, C. (1944). Cerca del corazón salvaje (Trad. B. Losada). Madrid: Siruela.

21 de septiembre de 2012

Construcciones

—¿Cuál es el color que menos te gusta? —me preguntó.

Caminábamos de regreso a la oficina. Sólo era un poco más de la una de la tarde y ya me habían pasado tantas cosas que podría escribir un libro.

—No sé...

Nos habían presentado unas cuatro horas antes. "¿Natalia? Como mi psicóloga...". Y sí que era una coincidencia porque él se llamaba como mi exnovio. O bueno, la única coincidencia es que mi exnovio y yo tenemos nombres muy comunes. Empezamos a trabajar, había muchas cosas por hacer. Cerca del medio día descubrí que necesitaríamos más tiempo para terminar. Cuando le comenté, me respondió que no había problema y que incluso podríamos ir a almorzar juntos. Acepté.

—¿Cómo no sabes? Uno siempre tiene un color que le gusta mucho y otro que no le gusta nada.

Cuando uno trabaja en medio de la nada, todo queda lejos. Caminamos muchísimo, me sorprendió con un sitio muy casual, pero donde la especialidad era mi comida favorita. Y ahí supe todo de su vida.

—No sé. Depende.

Sí que me llevaba toda una vida de ventaja. Supe de dónde venía, para dónde iba y cómo había llegado a donde estaba. Supe los qué, los cuándo, los porqué. Y también los quiénes. Uno no es consciente de que cuando conoce a alguien está en realidad conociendo los restos que dejaron los demás, los que estuvieron antes que nosotros. Pero es peor cuando además de los restos, te encuentras con los intentos no exitosos de reconstrucciones.

—Pero debe existir uno que no te guste más que los otros.

Cuando íbamos de vuelta a la oficina, indagó mucho sobre mi vida. Y no recibió respuestas contundentes, por supuesto. No puedo evitar sentirme vulnerable cuando alguien conoce demasiado de mí. Pero sí debo confesar que mencioné algunas cosas que me eran verdaderamente trascendentales en ese momento.

—Si tuviera que escoger, sería el amarillo.

Entonces, me asusté. Utilizó una expresión que sólo una vez en la vida sentí la necesidad de decírsela a alguien (y, a decir verdad, tardé bastante en comprender la magnitud de la misma). "Siento que nos conocemos desde hace mucho tiempo".

—¿Y por qué no te gusta?

¿Qué hace uno con tanta confianza? ¿Cómo puede alguien depositar todos sus miedos en tus manos, con la tranquilidad de que no los usarás en su contra? ¿Por qué alguien cree que eres la única persona que no entró a su vida para seguir demoliéndola?

—No sé, nunca me lo había preguntado.

No importa cuánto tiempo estará una persona en nuestras vidas: unos permanecen, otros desaparecen; pero todos vienen a deshacernos. Con un gesto, una palabra, una expresión o una serie de experiencias conjuntas. Nunca con la intención de acabarnos, por supuesto, porque se trata de una destrucción recíproca y simultánea: acabarnos para reconstruirnos.

—Debe existir una justificación razonable. Piénsalo.

Un argumento que desconozco pero que aún me cuestiono. Hay acciones simples, como una pregunta sobre los colores que menos te gustan, que pueden cambiar completamente tu comprensión del mundo. Nos vimos un par de veces después, pero nunca supe con certeza qué tanto intervine en su vida. Quiero creer que lo necesario. Sobra decir que, pese a que jamás se lo manifesté, marcó una diferencia en la mía.

Desde entonces, recuerdo esa parte de mi historia cada vez que veo algo de color amarillo. Y para mi fortuna, veo el sol a diario.

21 de junio de 2012

Felicidad



«It was right then that I started thinking about Thomas Jefferson on the Declaration of Independence and the part about our right to life, liberty, and the pursuit of happiness. And I remember thinking how did he know to put the pursuit part in there? That maybe happiness is something that we can only pursue and maybe we can actually never have it. No matter what. How did he know that?»


THE PURSUIT OF HAPPYNESS
Gabriele Muccino
Columbia Pictures / Relativity Media
2006

21 de abril de 2012

7 de abril de 2012

Juventud

NO VOLVERÉ A SER JOVEN

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
—como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
—envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

—Gil de Biedma, J. (1982). Antología, Jaime Gil de Biedma. En: Bernardo, L. (Ed.) Señal que cabalgamos, 89. Bogotá: Universidad Nacional.

7 de marzo de 2012

Todo en el mundo comenzó con un sí. Una molécula dijo sí a otra molécula y nació la vida. Pero antes de la prehistoria existía la prehistoria de la prehistoria y existía el nunca y existía el sí. Siempre lo hubo. No sé qué, pero sé que el universo jamás tuvo comienzo.

Que nadie se engañe, sólo consigo la simplicidad con mucho esfuerzo.

Mientras tenga preguntas y no tenga respuesta continuaré escribiendo. ¿Cómo empezar por el principio, si las cosas ocurren antes de ocurrir? ¿Si antes de la pre-pre-historia ya existían los monstruos apocalípticos? Si esta historia no existe, pasará a existir. Pensar es un acto. Sentir es un hecho.

—Lispector, C. (1977). La hora de la estrella (Trad. A. Poljak). Madrid: Siruela.